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Por su alto contenido en hidratos de carbono, leche y huevos, los helados pueden ser una fuente potencial de infección ya que su composición los hace un medio de cultivo idóneo para determinados tipos de bacterias, especialmente las causantes de diarreas estivales y la temida salmonela, en particular.
Las infecciones que a veces aparecen en relación con el consumo de helados pueden deberse a dos circunstancias. La primera, que la contaminación se produzca durante el proceso de fabricación. Pero, en la actualidad, tanto en los helados artesanales como en los industriales los procesos de fabricación se encuentran muy regulados y vigilados a nivel legislativo (ver recuadro) por lo que una posible contaminación microbiana de este tipo es muy difícil y debe considerarse un desgraciado accidente.
La segunda, que la contaminación se produzca por rotura de la cadena de frío. Lo que sucede cuando el helado no está bien conservado o pasa demasiado tiempo desde que sale del congelador para ser trasladado a los lugares de venta y se produce un aumento de temperatura por encima del punto de congelación. Porque en ese caso existe ya la posibilidad de una multiplicación de gérmenes y, por tanto, de intoxicaciones alimentarías por fermentación. Claro que también en este caso la reglamentación legal es clara y se trata de un accidente que difícilmente pueda producirse en un país desarrollado. Pero no sucede lo mismo en los países del Tercer Mundo, especialmente en los paraísos tropicales. Así que nuestro consejo es que se abstenga en ellos de consumir helados de cualquier tipo (y lo mismo cabe decir de cualquier bebida no embotellada).
Otro posible mecanismo de infección es el causado por las pequeñas heridas, irritaciones o quemaduras que el helado puede producir en la boca cuando se toma de manera ansiosa y que pueden suponer una puerta de entrada para cualquier tipo de germen.
Evidentemente, eso se soluciona tomando el helado a pequeños bocados y cambiándolo con frecuencia de lugar en la boca. Es más, precisamente el frío del helado puede ayudar a aliviar inflamaciones en la boca o garganta como saben muy bien los operados de amígdalas a los que, después de la intervención, se recomienda iniciar la alimentación con pequeñas cantidades de este sabroso producto.
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